167 páginas
(Mayo 2026)
Delia Marén aparece muerta en su cocina, sentada en su silla, sin una sola marca. A su lado, una tarta de cereza recién hecha, intacta. Nadie sabe quién la horneó.
Su testamento impone una condición tan impecable como su vida entera: sus tres hijos deberán encerrarse setenta y dos horas en la casa familiar y grabar, cada uno, una confesión sincera sobre la madre que tuvieron. La herencia será para el más sincero.
Tomás, el mayor, vuelve a la casa con la cabeza llena de huecos y las manos demasiado limpias. Daniel, el del medio, llega buscando lo de siempre y huyendo de lo que nunca dice. Marina, la pequeña, sonríe, hornea y lo recuerda todo. Tres hermanos. Tres confesiones. Tres madres distintas que no pueden ser la misma mujer.
Porque hay algo que Tomás no consigue recordar: dónde estuvo la noche en que su madre murió. Y cuanto más escucha las cintas, menos seguro está de quién fue el monstruo de esta casa. O de si lo tiene delante cada vez que se mira al espejo.
Una madre que cerraba las puertas «para que no pasaras frío». Un cuidado que era una jaula tejida con ternura. Y la certeza, página a página, de que quien sabe exactamente lo que necesitas también sabe exactamente cómo no soltarte jamás.
Un thriller psicológico de atmósfera asfixiante, confesiones que se contradicen y un giro que obliga a releerlo todo.
MI OPINIÓN
Tres hijos llegan a casa después de la muerte de su madre. Para heredar les pide que pasen setenta y dos horas juntos en la casa y que graben una cinta, una confesión sobre ella, su madre y que en base a eso decidirá el reparto, la premisa parte de una gran duda ¿como va a repartir algo según lo que se diga en las grabaciones? ¿como va a poder decidir eso alguien que ya ha muerto? Capítulo a capítulo vamos conociendo a los tres hijos pero especialmente a Tomás que sufre graves períodos de amnesia. Una vez que vamos conociendo lo que cada uno piensa es fácil tomar partido, decantarse por alguno de los hijos o sospechar de otro. Es un thriller psicológico bastante asfixiante porque en ningún momento salen de la casa, la información que se le da al lector va cambiando según quien la cuenta y la manipulación es la moneda de cambio. Una lectura fácil, rápida e intensa.
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