234 páginas
(Enero 2026)
Lucía lleva veinte años sin pisar Ribadamar. Ahora ha vuelto. Su madre ha muerto y le ha dejado una pastelería llena de secretos.
En el sótano, entre cajas de Navidad y recuerdos polvorientos, Lucía encuentra algo que no esperaba: fotos de niños con números en lugar de nombres. Cartas de madres que nunca dejaron de buscar. Y una libreta de recetas donde las instrucciones esconden pistas.
Su madre, Carmen, pasó cuarenta años horneando pasteles de limón cada martes y desapareciendo durante horas. Nadie sabía adónde iba. Nadie preguntaba. En los pueblos pequeños hay cosas que es mejor no remover.
Pero Lucía ha empezado a preguntar. Y alguien no quiere que encuentre las respuestas.
Cuando una anciana aparece en el hospital con la cabeza partida y el alcalde empieza a hacer visitas nocturnas, Lucía comprende que los secretos de la Casa Grande —el orfanato que el pueblo prefiere olvidar— siguen vivos. Y son peligrosos.
Con la ayuda de un bibliotecario con demasiados apellidos ilustres, un hombre que lleva medio siglo esperando a su hermana, y un perro viejo que parece saber más de lo que dice, Lucía tendrá que desenterrar la verdad antes de que alguien la entierre a ella.
El fantasma del pastel de limón es una novela sobre madres e hijas, sobre lo que callamos para proteger y lo que guardamos para recordar. Sobre pueblos donde todo el mundo sabe todo y nadie dice nada. Y sobre pasteles que saben a despedida.
MI OPINIÓN
Si no has leído la sinopsis puedes pensar que habla de fantasmas de otra dimensión, pero también ha fantasmas que son esos secretos de los que nadie habla. Hay personas que creen que no hablar de algo hace que desaparezca, pero no es así, el dolor está más hondo pero no desaparece. Por desgracia hubo un tiempo en este país donde se normalizó vender bebés no solo de los orfanatos sino también robándoselos a madres solteras o de clase muy humilde. El libro es un homenaje a esas personas que no callaron, que removieron todo pese a la presión de vecinos y otros poderes para volver a conectar a madres, hijos y hermanos que nunca debieron separarse. La protagonista, Lucía, demuestra un gran valor al seguir el trabajo de su madre y atreverse a denunciar algo que muchos sabían y todos callaban, pese a la amenaza incluso de su propia integridad física. El libro es pausado y nunca agobia, ni siquiera cuando la amenaza es real. Los personajes están perfectamente estructurados y la ambientación es muy apropiada, sin abusar de exceso de descripciones.
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